CARTA V

Publicado por eugenesia
«A veces digo 'Cuando sea grande...', ¿no te pasa a vos también? Cuando sea grande voy a poner un supermercado chino y una Iglesia Universal, una casa velatoria y un bar. Cuando era chica le puse número a todos los cuadraditos de una hoja cuadriculada. Cuando pasé por primera vez al pizarrón casi vomito (cosa muy normal en mí). Soy miope desde los nueve años y hubo un año en el que me sangraba mucho la nariz y me tenían que ir a buscar al colegio. En segundo grado un compañero me pegó una piña en el estómago y mi papá le dio un cachetazo que casi lo mata (me acusó de haberle robado la goma). Una vez me esguincé las rodillas y las muñecas. Odié los campamentos. En el secundario hicimos guerra de moras y mi remera quedó violeta. Me gusta el olor a pasto recién cortado. Soy de las personas que se bajan del colectivo y espera verte para saludarte aunque ya te haya saludado. Me gusta George Carlin, me gusta dormir sin corpiño. Odio cuando a las palabras las siento desde la médula hasta la punta de los dedos, sin antes pasar por la tinta, por el papel. Necesito que salgan antes de explotar, de envenenarme, de padecer. Necesito a alguien que me lea, que me abrace, que tome mis manos o mi cintura, que me mire a los ojos, que me bese con el mismo sentimiento una y otra vez, día tras día, bajo la lluvia, bajo el sol. Alguien quien me diga que la vida sirve para algo, que morir queda lejos, que todo tiempo pasado nunca fue mejor, que el presente no existe y que en un futuro puedo llegar a creer en algo. Alguien quien me traiga la confianza otra vez, alguien quien me quiera como soy, miope, lerda, zurda, paciente, un hervidero de hormonas que no controlo, con miedo de echar a perder todo lo poco que hice en treinta años. Alguien quien me respete, que tenga manos suaves y ojos transparentes. Alguien que no me mienta. Quiero, necesito, son verbos difíciles de explicar, pero a esta altura de la vida son los que más siento dentro del pecho, que se me cierra y no me deja respirar. La angustia cierra mi garganta y no encuentro palabras para lo que quiero, quiero a alguien que esté del otro lado y al mismo tiempo a mi lado e intentar ser feliz, aunque sea un momento, aunque sea una salida al cine o tomar algo. Quiero sentir sus manos calientes, quiero caminar, sentir un beso en el cuello, quiero abrazar a alguien y sentir el calor de ese cuerpo que quizás me espere desnudo a la noche, en esa cama que quizás fue la cama de otro antes de ser la suya. Quiero creer que todavía me leen, quiero sentir esa voz al oído que te dice buen día y a la noche te desea dulces sueños. Si te conozco, si no te conozco, quiero que sepas que puedo llegar a quererte sin lastimarte, intentando mejorar todos los días, dejando de lado obsesiones, miedos y ansiedades. Quiero querer a alguien que me quiera. Que me desee, que me cele, que me busque, que me coja, que me haga el amor, que me cuente un cuento o me diga lo que compró en el supermercado, si se enfermó, si su papá está bien, qué libro leyó o si la mamá cocina rico. Quiero a alguien que esté ahí, pero no sé cómo empezar.»